Pierre Soulages, pintor contemporáneo alabado en todo el mundo,
nació en Rodez en 1919, en la calle Combarel.
Creció en el corazón de un barrio de artesanos,
entre impresores y herreros: de este medio en movimiento recordará
la paciencia del gesto, la habilidad, los notables materiales y las virtudes del azar.
Pierre Soulages está representado en cerca de 90 museos en los cinco continentes.
Expone muy pronto, en los años cincuenta, en las galerías neoyorquinas,
en el seno de los museos americanos. Recientemente, en el 2010, su retrospectiva
en el Centro Pompidou de París reunió a más de 500.000 visitantes.
Es el pintor preferido de sus compañeros.
Soulages es famoso por su dominio del color negro en sus cuadros. Pero también utiliza otros pigmentos: los rojos, los castaños, los azules... Trabaja con pinceles anchos de pintor de brocha gorda, desvía los utensilios de su función original y fabrica herramientas nuevas. Pinta en el mismo suelo, añade y quita materia. Soulages es uno de los pintores abstractos más célebres. En 1948, Soulages pinta sobre papel sus primeros Brous de noix, a la cáscara de nuez, composiciones esculturales o biomorfas.
En 1979, el artista inventa el Outrenoir, lienzo único o ensamblado en un políptico cubierto totalmente de negro, liso o brillante, cicatrizado o en relieve, de grandes dimensiones, cuya colocación se hace con cables tensados: “Outre-noir designa otro país, un campo mental distinto del simple negro”. Los reflejos de la luz en la superficie pintada le confieren una presencia, provocan un frente a frente con el espectador.
Su carrera artística está marcada por la influencia de los encuentros que hizo de niño. Habla encantado de los paisajes de Aveyron, de los árboles desnudos de las mesetas calcáreas, de su fascinación por las estatuas-menhires del museo Fenaille de Rodez y por la abadía de Conques. Soulages desvela unas vidrieras excepcionales en la Iglesia abacial de Conques. Translúcidas, pero no transparentes, nacen de un vidrio incoloro blanco elaborado por el artista, que capturan la luz y realzan la arquitectura románica. Tanto desde afuera como desde dentro, estas vidrieras devuelven suaves colores, que cambian con la luz del día.
El área metropolitana de Rodez adquirió recientemente su casa natal, en el número 4 de la calle Combarel.






